• Ortiz Remacha

NADA PARECE CAMBIAR



Supongo que no será sencillo dirigir una sociedad anónima deportiva y más aún cuando la deuda era tan grande como la que soportaba el Real Zaragoza el verano de aquella rocambolesca venta del club, tan sorprendente como vertiginosa.


Algo tendrían que ver familias y entidades aragonesas de pro para hacerse cargo de una situación que parecía imposible de soportar después del paso de Agapito Iglesias por la propiedad y la presidencia, con juicios, dramatismo social y descrédito del Real Zaragoza en todos los sentidos.


Quizás esa credibilidad histórica y empoderamiento, ese sentido de superioridad y control de las circunstancias, le dio un revés a la Fundación que no supo admitir la importancia de la afición en algo tan intangible como un equipo de fútbol a nivel de negocio.


Es posible que pensaran en un rápido ascenso, en una eliminación urgente de la deuda y en un aprovechamiento fácil del nombre, la historia y el seguimiento del club. Pero se equivocaron, como tantos otros, a la hora de tratar con delicadeza y atención a sus seguidores: mayores y jóvenes, hombres y mujeres, criaturas que iban de la mano de sus padres a un campo de fútbol que se viene cayendo desde comienzos de siglo.


De la misma forma que han utilizado el aislamiento, la falta de comunicación y el intento de acallar las voces críticas para seguir adelante. Pues ahí les tienen, frotándose las manos con dos victorias en menos de una semana y sin escuchar los gritos en contra de un graderío que seguirá hasta el final a su club pero que no olvidará estos últimos años aunque, algún día, se ascienda.