• Ortiz Remacha

NADA NUEVO



Septiembre nos engulle mientras el silencio sigue rodeando la estela de la propiedad. Consiste en capear el temporal, no dejarse ver demasiado y utilizar las incorporaciones del cierre del mercado para que la afición piense en lo más inmediato, que se ilusione incluso.


O que se enfade, como en el caso de Carbonell, que sufra con las molestias de Christian Álvarez y las dudas que se plantean, o que le dé vueltas a la cabeza sobre cómo va a celebrar la primera victoria de la temporada.


Pero los temas se agotan, no habrá Fiestas del Pilar, no saldrá a pregonar sus sensaciones al balcón del Ayuntamiento Ánder Herrera y se irán olvidando las propuestas como las suyas para colaborar en la salvación de un club que se hunde.


Mientras tanto se extiende el mutismo y que apenas se hable de nada excepto que se consiga ganar, para entonces salpicar de fuegos artificiales la oscuridad de la noche. Y ojalá sea de esta manera porque, al final, vencer se ha convertido en el único asidero de los seguidores blanquillos y de esta propiedad que dejará su sello en la historia del club.


Indudablemente, con nombres y apellidos, con denominación de origen y con un final que ojalá no coincida con la desaparición del Real Zaragoza.

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