• Ortiz Remacha

NADA ES PERMANENTE



Cuando leemos un libro, vamos al teatro, vemos una película en el cine o en la televisión, vamos conociendo una historia con su principio y su final. A veces el final queda a consideración del lector o el espectador pero siempre termina la historia. Con momentos de tensión, felicidad, excitación, sorpresa, desencanto o rabia.


En esta telenovela del Real Zaragoza se debería haber perdido, después de la derrota en la última final de la Copa del Rey, gran parte de sus seguidores. Gente cerrando con enfado las tapas del libro, levantándose de la butaca o cambiando de canal.


Pero no ha sido así aunque la angustia les haya quebrado el ánimo, los personajes sean cada vez más desagradables o el final se prolongue en una lenta agonía insoportable.


El Real Zaragoza ha tenido treinta y cinco presidentes; en esta ocasión, como pasó con alguno en tiempos de Agapito Iglesias, el máximo responsable es por delegación y no por formar parte de la propiedad. Y durante mis casi cuarenta y seis años de profesión, he conocido a 18 de ellos. Con ninguno me he llevado siempre bien, aunque haya mantenido el respeto y la buena educación con todos ellos, ni he formado parte de su corte como algunos voceros del pasado o del presente. Como me ha ocurrido con entrenadores o con futbolistas; ahora ya no conozco personalmente más que a Alberto Zapater por su veteranía.


Y es una lástima porque, aunque jamás he sido de comidas o cenas que no haya pagado yo, la relación con ellos manteniendo las distancias era interesante. Ahora ya no es posible y la lejanía que se genera ya no es con algunos periodistas sino con la afición en general.


Ellos pasarán, como se han ido todos, pero los que opinamos seguiremos de una forma u otra pese al aislamiento y la presión hasta la muerte o con una merecida jubilación. Y la afición, ni les digo, porque son el alma de este club.

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