• Ortiz Remacha

LA MAGIA SE HA PERDIDO



Hace casi cuarenta años, primero con el baloncesto y poco después con el fútbol, el deseo de viajar y explorar la comunicación por otros países alimentaba la ilusión los diferentes enviados especiales, entre los que me encontraba, a la Copa Korac, Recopas en canchas y estadios, Copas de la UEFA y esas formidables confrontaciones de altísimo nivel de Copa del Rey en cuartos, semifinales y finales.


Roma fue mi primer destino con Luis Costa en la Recopa de Europa a finales de septiembre de 1986. Después Wrexham en País de Gales, Sofía en Bulgaria donde se apalabró a Sirakov y Amsterdam frente al que fuera campeón ese año con Johan Cruyff en el banquillo y futbolistas como Van Basten o Rikjaard, que jugó la temporada siguiente once partidos en el Real Zaragoza.


Después llegarían otros desplazamientos a Limassol, Hamburgo, Caen, Copenhague, Dortmund, Bistrita, Presov, Rotterdam, Londres, París o Cracovia. Mi último desplazamiento fue a Salónica, que ya conocía por mis viajes con el CAI Zaragoza que fueron incluso más apasionantes en algunos casos, como Jerusalem, Tel Aviv, Berlín, Moscú, Belgrado, Zagreb, Zadar, Viena, Bruselas, Limoges, Turín, Manchester, Estambul, Mónaco y algún otro lugar que no recuerdo.


Era apasionante el desplazamiento, el contacto con los jugadores, la relación con los directivos que aunque nunca fue excelente por mi exigencia, en el extranjero había una tregua. La capacidad de enviar crónicas y transmitir partidos que en muchos casos no se ofrecían por la televisión.


Ahora esa magia se ha perdido y por eso hace dos temporadas dejé de viajar a localidades españolas sin pasado futbolístico con un equipo sin presente y con un dudoso futuro.