• Ortiz Remacha

LA FALTA DE AUTOCRÍTICA



Dijo Sun Tzu, un filósofo experto en estrategia bélica chino de hace tres mil años, que “El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando eres capaz de atacar debes aparentar incapacidad y, cuando las trampas se mueven, aparentar inactividad”.


No se sabe realmente si existió o no este enorme talento del conflicto armado, incluso de la actitud personal ente las dificultades. Pero alguien expresó sus conceptos en un libro como “El arte de la Guerra” que, de la misma forma que “El arte de la prudencia” de Baltasar Gracián, están en la cabecera de mi cama y los leo con frecuencia.


Yo no estoy en guerra contra nadie y prefiero utilizar la perseverancia para resolver los problemas. O advertir de las consecuencias de una decisión en contra de mi persona. Como decía el jesuíta bilbilitano, “Triste cosa es no tener amigos. Pero más triste es no tener enemigos. Porque quien enemigos no tiene, señal de que no tiene talento a quien haga sombra, ni carácter que abulte, ni valor que le teman, ni bien que le codicien, ni honor que le murmuren, ni razón alguna que le envidien”. Por eso no voy a entrar a valorar declaraciones de quienes forman parte de una realidad dolorosa para miles de personas vinculadas a una ilusión, a una historia, a la unidad en torno a un símbolo.


Quienes no sean autocríticos, se mantengan en una burbuja de protección del exterior, no le den la importancia que tienen las estructuras sociales y mediáticas de siempre, piensen solamente en sí mismos, serán incapaces de reflexionar sobre su responsabilidad en el fracaso de un proyecto.


Por último, que algunos tomen nota de otra frase de Gracián: “Los envidiosos no mueren solamente una vez, sino tantas como los envidiados ganan aplausos”.