• Ortiz Remacha

LA COSTUMBRE DE SER VULGARES



Yo no sé si ustedes habrán olvidado el distanciamiento de la propiedad del Real Zaragoza, las explicaciones sin fundamento ofrecidas desde el club y el cierre puesto a la venta del accionariado de la Sociedad Anónima Deportiva.


Tampoco la sacerdotal intervención de Montes Torrecilla sobre el mercado de invierno, asumiendo que él debería llegar al Real Zaragoza porque la situación económica blanquilla no estaba para ir de compras.


Y mucho menos la última derrota sumada en la Romareda ante el Tenerife que se unió a la primera cosechada en Miranda de Ebro. Algo que ya se está convirtiendo en algo habitual, como les advertí, con tanto empate al comienzo de la temporada.


La plantilla ha dado un paso atrás y ya no se lucha ni con la fuerza de veinte mil seguidores en la Romareda ni con mil en Anduva, algo menos de la mitad del aforo del campo burgalés el domingo.


La costumbre en ser vulgares, abandonar la historia para posibles beneficios particulares o societarios con una venta que se alarga como una goma, disminuir los ecos de una historia ya no tan reciente, ampliar la distancia entre patronos y abonados, terminar poco a poco con el periodismo independiente, es un hecho que parece irreversible.


Por eso convendrá que cada uno tome su postura cuando esto llegue al límite y tenga su respuesta preparada ante la falta de preparación y enorme egolatría que ha supuesto esta década infernal. Y que los culpables asuman el veredicto individual y colectivo de la masa social zaragocista.