• Ortiz Remacha

FALSOS LÍDERES



Les he comentado en varias ocasiones que el liderazgo se consigue con el compromiso y que es su entorno quien le otorga la capacidad para gestionar las diferentes situaciones. La empatía, la generosidad, la implicación, la formación, la experiencia y el talento hacen posible que un grupo se defienda con toda la intensidad necesaria y pueda evolucionar hasta conseguir los objetivos planteados.


Un líder puede ser también el dueño de la organización o un responsable nombrado por quien tenga el mando. Pero generalmente se comete el error de formar burbujas de poder para continuar al frente del negocio. El jefe empieza a tener dudas, no acepta las circunstancias, se vuelve orgulloso y huye hacia delante. Entonces sus más cercanos le aíslan de la realidad y comienzan a señalar a gente del grupo y a los que, desde fuera, critican sus acciones.


Éstos son los más peligrosos porque sus conocimientos están sobrepasados y un cambio les dejaría fuera de la estructura. Así recomiendan en su propio interés las acciones que se deben desarrollar y animan con halagos a quienes terminan en soledad sin querer conocer la realidad.


Es el inmovilismo, la falta de autocrítica, el miedo a perder el status y la entrega a su guardia de corps la responsabilidad de juzgar, condenar y terminar con las voces contrarias.


Ha sido siempre así y no va a cambiar porque cada vez se juntan más entre los poderosos que, sin embargo, terminan por deshacerse de los aduladores, estómagos agradecidos y sumisos interesados cuando no les hacen falta hasta la siguiente crisis.


Pero la burbuja sigue creciendo y toma vida propia, incluso con los que se han refugiado en ella.