• Ortiz Remacha

COSAS DE FAMILIA



Los negocios entre partidos políticos, familias y entidades bancarias sobre el futuro del Real Zaragoza y la construcción de la nueva Romareda, son cosas que ni ustedes ni yo conoceremos en su totalidad. Es posible que tengamos algunos datos, algunas informaciones pero que son imposibles de contrastar.

En estos momentos, con la satisfacción del triunfo ante el Éibar la noche de ayer, desconocemos el interior de las profundidades zaragocistas sobre los pactos políticos que superan la ideología, los dueños de los contenidos de los medios de comunicación y los movimientos de los descendientes de alcaldes y empresarios de éxito.

El Real Zaragoza es mucho más que todo esto y seguramente sobrevivirá este periodo triste y decadente desde la venta de Alfonso Soláns tras la derrota en el Santiago Bernabéu de la última final de Copa disputada.

Sinceramente y con todo el respeto que merece el Éibar, que ha desarrollado un trabajo formidable para mantenerse en Segunda División durante muchos años, ascender a Primera y seguir con opciones de regresar a la Liga Santander tras el descenso, con 27.000 habitantes, la mitad que Huesca y medio millón menos que Zaragoza, celebrar un triunfo ante el equipo armero como una final de Copa es tan triste como deprimente.

Barcelona, Madrid o Athletic de Bilbao, no han descendido jamás a Segunda. Equipos como el Sevilla, Atlético de Madrid, Español, Real Sociedad y Betis están por encima de los blanquillos en la clasificación histórica de la Liga. Y hasta el Celta lleva camino de superar a los blanquillos.

Quince años sin disputar una final, nueve en Segunda División. Y malvendiendo a una cantera espectacular a la que apenas se tiene en cuenta para el futuro.