• Ortiz Remacha

CICLOTIMIA



En una competición tan larga como la Segunda División y donde existe tanta igualdad en los clubes lo normal es que pasen cosas como las de anoche en la Romareda. Se levantan grandes expectativas y se cosechan derrotas seguidas, subiendo y bajando en la clasificación. Al final se termina en zona de nadie, equidistante entre la promoción y el descenso. Y luego, excepto los dos primeros, la lucha por el tercer puesto del ascenso es una lotería.


El Real Zaragoza tiene la plantilla que ha podido construir Torrecilla. Con escaso dinero, contactos muy concretos y una gran fidelidad a Cuartero para asumir como suyos los proyectos del director general. Que son los mismos que le indican los que desean seguir en el palco presidencial ahora que se barrunta la nueva Romareda, el crédito de la Liga es un hecho y se consiguió hacer más extenso en el tiempo el concurso de acreedores.


Lo que más siento es la ilusión de los seguidores zaragocistas que surge de las entrañas empobrecidas del espíritu para volver a caer en lo más profundo de los sentimientos de tristeza.


Ahora hay que seguir, luchar por llegar a los cincuenta puntos, ver a quién venden en el mercado de invierno, que no haya lesiones y esperar al sorteo de la promoción buscando estar entre los diez primeros hasta el final.


Nueve temporadas en Segunda División. Un castigo excesivo si miramos a la afición, totalmente justificada tras el paso de Agapito Iglesias y la Fundación 2032.