• Ortiz Remacha

AGOTAMIENTO



El estómago de los seguidores del Real Zaragoza aguanta lo insoportable. Y el dolor que sube por el esófago no impide que sigan animando a sus futbolistas. Es lo que hay y no parece que se pueda conseguir más de un grupo que no está diseñado, hoy por hoy, para luchar por algo más que la permanencia.


Es posible que esto dé un revolcón por lo que sea y nos encontremos con la pasión de victorias encadenadas que dejen escondido el bajo límite salarial de los blanquillos y se consiga de manera inesperada y espectacular el premio de los play off.


Sigo sin ver preocupación en los dirigentes del club que continúan acumulando semanas, meses y años en la propiedad y parecen encontrarse a gusto debatiéndose en el deshonor de superar la etapa más oscura del Real Zaragoza, allá por los años cuarenta del siglo pasado.


Algo tendrá de interesante soportar en esta armonía de silencio y secretos en los contenedores de basura del fútbol español que les premie. ¿Aguantar diez años y dejar atrás la deuda? ¿Encontrar a ingenuos inversores que pongan el dinero y dejen que sigan manejando a sus anchas el club los que heredaron de Agapito la Segunda División?


No lo sé, igual es la remodelación de la Romareda, el posible negocio de tiendas en el entorno del edificio reconstruido ahora que la pandemia parece estar de bajada.


O el control absoluto de los medios de comunicación, la postura generosa de la afición pagando y callando o quizás el tener algo sujeto por los pelos para que nadie haga nada por un club agonizante.