• Ortiz Remacha

ABATIMIENTO



Si les soy sincero, que procuro serlo siempre con los oyentes, cada vez me cansa más el fútbol y lo que le rodea. No se trata simplemente de los cambios producidos por la pandemia que parece disminuir la grave crisis sanitaria y social que ha cambiado nuestra vida, sino de la utilización aprovechada de las ilusiones de la gente.


No es que yo las tuviera intactas después de tantos años de inmersión en las cloacas del fútbol y de soportar a los supuestos salvadores del club desde Agapito Iglesias a la Fundación 2032. En absoluto, pero me ofende que una historia tan emotiva como brillante esté mutando en una costumbre. Cada vez menos intensa, más al margen del club, fuera de un contexto de unión pasional y entre generaciones.


Cansancio y aburrimiento. Con escasas expectativas de presente y un futuro inestable, apelando solamente al recuerdo. A las situaciones vividas hace ya décadas para algunos tan desconocidas como la falta de memoria histórica de nuestra vida.


Es una lástima pero todavía nos queda mirar atrás, explicar el fenómenos del zaragocismo, lo que significó el viejo campo de Torrero y la construcción de un estadio que cambió también el desarrollo urbanísitico de la capital aragonesa, La Romareda. Y que acogió partidos de fútbol del Mundial 82 y de los Juegos Olímpicos del 92, así como finales de Copa y partidos de la selección española.


Cada uno tenemos derecho a pensar como queramos aunque cada vez sea más difícil expresarse con libertad. Pero en nuestra mente nadie puede poner fronteras a lo que sentimos. Ni a las decisiones que vayamos a tomar.


Pero, insisto, la sombra cada vez más oscura de la caída por el precipicio puede obligarnos a evitar nuestro desplome agarrados a una roca o a la rama de un árbol. Es posible que ya no subas pero le has puesto fin al fracaso y a la frustración.